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Palacio Hacienda Quilpue, construida en el año 1886, de los señores Raimundo y Alfonso del Río, ubicado en la provincia de San Felipe, V región.
Esta mansión, fue una replica del Palacio de Versalles a menor escala.

Los materiales usados en esta obra fueron traídos desde Europa, por vía marítima, desembarcando en Valparaíso y desde allí llevados por ferrocarril al Valle del Aconcagua. Esta suntuosa propiedad se encuentra ubicada a dos kilómetros de la ciudad de San Felipe.
Esta brillante construcción consta de trescientas ochenta hectáreas reguladas, cinco de estas conformaban el salón principal con finos muebles de caoba, donde se recibió en muchas oportunidades a ilustres personajes como el príncipe de Asturias, de Soraya y el Cardenal Benlloch, Fernando María de Borbón y el príncipe de Gales, que en diversas oportunidades visitaron nuestro país, elogiando de sobremanera dicho lugar.

En esta Hacienda no habitaba gente, sino que sus dueños la utilizaban para realizar trabajos de producción agrícola, puesto que fueron los primeros en exportar diversas variedades de frutas, vinos y charqui. También se utilizaba para realizar eventos típicos de la zona de Aconcagua, como la fiesta de la Vendimia, festivales de verano y distintos tipos de reuniones sociales.

En 1967 cuando se inicio la reforma agraria, los dueños de este fundo cedieron la Hacienda al gobierno Central, para luego en 1972 cederla a la Universidad de Chile especialmente para los estudiantes de agronomía, lo que lamentablemente no se pudo llevar a cabo, debido a los levantamientos del gobierno militar en 1973.

Posteriormente, el ministerio de agricultura lo llevó a remate, en consecuencia de la situación económica que imperaba en ese momento en nuestro país, los nuevos dueños no tuvieron el dinero suficiente para realizar todas las actividades que se llevaban a cabo en este maravilloso lugar.

Además, la Hacienda se vio directamente afectada por el terremoto de 1985, tomándose la decisión de demolerlo, con el fin de vender cada una de sus piezas y recuperar una gran suma de dinero.

Desafortunadamente, este fue el trágico fin del gran Palacio Hacienda Quilpué la actualidad este sitio se encuentra desabitado y solo se ocupa un tercio de la propiedad para guardar animales que corresponden a vecinos del sector de San Felipe.

Por: Fernanda Arias
Editor: Jocelyn Martin

Cuando era niña recuerdo haber ido a unas cabañas en Papudo, fui junto a mi madre, tíos y primos que tenían mi misma edad. Lo pasé increíble, a pesar de que Papudo no era uno de mis lugares predilectos; pero este reducto era fantástico, fascinante para cualquier niño. Lo que más me llamo la atención fue el paisaje, era un jardín tan lindo, había una variedad de flores amarillas que me encantaban, lo único que cuando corría entre medio de ellas, los pantalones me quedaban teñidos con polvo amarillo, pero fuera de eso me fascinaba.

Había una pequeña colina y una vez mi primo dijo que había visto un zorro, recuerdo haberlo buscado, pero nunca lo encontré y mi primo tampoco lo volvió a ver.

Otro de los encantos que tenía este lugar, era que había una salida al mar, eso sí que era precioso, porque para llegar a la playa había que pasar por un caminito de tierra y alrededor de él estaba repleto de hermosas flores que tenían una diversidad inmensa de colores. El lugar me encanto, estuve aproximadamente cinco días allí, pero la estadía se me hizo muy corta, pues cada día que pasaba era más interesante que el anterior. Realmente, ha sido uno de los lugares más lindos que he visitado, tengo muy bellos recuerdos de haber estado allí con mi familia.

Después de ese espacial paseo, he regresado unas cuantas veces a Papudo, pero nunca he vuelto a ver un lugar tan encantador como aquél. Lo he intentado buscar, pero nunca lo he visto, aunque nunca he perdido la esperanza de un día regresar.

Por Marioli Baldecchi
Editora: Camila Lorenzini

Al llegar al pequeño pueblo de Santa Cruz ubicado en la sexta región, sentí ese hedor que se siente en cada lugar pequeño pero con un corazón lleno de cariño para entregar a todos aquellos que no pertenecen a aquel lugar.

Las personas que ese día se encontraban en la plaza cívica nos ayudaron sin ningún problema a resolver cada una de nuestras dudas.

Santa Cruz es un lugar de muchas tradiciones, hay un sin número de lugares comerciales en las que se vende sólo artesanía chilena, haciendo alusión a lugares de nuestro país que muchas veces quedan olvidados, en la plaza se encuentra un hombre que lleva mas de quince años tomando fotografías arriba de un pequeño caballo de madera a las personas que visitan la zona, dicha atracción es muy interesante puesto que los niños corren hacia él al poner solo un pie en la plaza de Santa Cruz.

Este lugar es muy rural y eso encanta a sus visitantes, ya que, en el caso de nosotros llegamos hasta allí desde la capital (Santiago de Chile), y no acostumbramos a ver todos los días gente a caballo, campesinos llevando fardos de paja en carretas, sin duda se hace atractivo para los ajenos al lugar, aunque para los habitantes de Santa Cruz sea una costumbre o bien natural andar con un sombrero de huaso y montando un caballo.

En este lugar aprendimos pequeñas cosas que las pondremos en practica en la vida cotidiana, como distintas formas de ver la vida mas sencilla, sin darle tanto valor a las cosas materiales, allá nadie se complica ni se hace problema por pequeñas cosas como lo hacemos acá, es tan simple adaptarse a la vida sencilla. Es por eso que hago una invitación a dejar de lado por un momento la congestión de la ciudad y manejar nuestra mente y hacerle creer que nos encontramos en Santa Cruz y respirar esa tranquilidad, sencillez que aquel pueblo y toda la gente que allí vivía nos entregó, y hacer valer esa lección de vida que nos dieron.
Por Fernanda Arias
Editora: Camila Lorenzini


Nunca pensé que existía el paraíso del vino. Y si existe, esta aquí en Chile un lugar llamado la Ruta del Vino. Todo el esplendor de las más diversas viñas, donde muestran al mundo sus grandes creaciones. Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc, Malbec, Syrah, Carmenére, Merlot, Chardonnay, Semillon, Viognier, Torontel, Riesling, Chenin Blanc Sauvignon Gris.

Descubrí este paraíso del vino, por lo que somos tan conocidos alrededor del mundo, un 14 de marzo, San Fernando celebro la fiesta mas importante del vino en Chile la Vendimia, nunca había estado en ese punto de nuestro país.
Disfrute mucho la experiencia, pero quedaban bastantes horas del día que queríamos aprovechar, y nos dirigimos a un pueblo llamado, Santa Cruz, llegamos a una viña llamada “Montes”, hermosa, cuando llegamos, sentíamos estar en un sueño, ya que esta orientada al Feng sui. Eso significa, que usa los cinco elementos de la naturaleza para que esta viva en armonía con la tierra. Lo que más me impresionó, fue la música que tocaban para vino, Cantos Gregorianos. El vino es agua y esta vivo, la música hace que el vino se mueva al compás de ésta.
Al tiempo me entere que Aurelio Montes, presidente de viña Montes fue reconocido con el premio “emprendedor del año”, distinción que entrega Ernst & Young, Y este lo a ganado por dos años consecutivos.
Siempre he creído que en la vida las personas llegan con un propósito, quiero pensar que este propósito siempre es positivo, así se ve la vida mas bella.
La semana siguiente conocí a una persona de la zona, y habló mucho de una viña llamada Viu Manent. Hace poco tuve el privilegio de ir, creo que cada uno de estos viñedos tiene su propia esencia, cada familia contribuye con algo de su alma para darle un toque propio.
He visitado muchas viñas, California, Portugal. Y cuando visite estos valles, di gracias a la naturaleza por darnos estas tierras bendecidas, aquí, en el fin del mundo.


Autora: Jeannete Romo.
Editora: María José Henríquez Donoso.

El día 26 de Abril caminábamos por los alrededores de Valparaíso, en cerro concepción, íbamos tocando un pequeño instrumento que habíamos comprado en una pequeña feria, hecho por un artesano chileno, pero este instrumento es de origen Africano (Mbira) y bailábamos al ritmo de la música. Entre esas calles que con cada paso descubres algo nuevo y te llena el corazón de nostalgia, al vivir tanta historia mezclada con la magia de la vista del puerto.
Creo que por todo esto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el año 2003.
Durante esa caminata encontramos una casa preciosa, que te invitaba a entrar, era el
CAFÉ TURRI RESTAURANT.
Entramos observando cada rincón, cada uno de ellos tenía algo interesante que mirar. Cuando disfrutábamos de nuestro almuerzo, con un buen vino chileno, por supuesto, se acerca a la mesa un mago llamado Enzo Urbina, lo primero que se me vino a la mente fue: que ironías tiene la vida, unos minutos antes pensábamos que mágico es Valparaíso y se acerca un mago a ofrecernos su arte.
Ahí fue cuando decidimos entrevistarlo. La pregunta que le hicimos fue:

¿Que Sientes por la magia?

Hacer magia en una mesa, donde esta uno expuesto-ustedes y yo- es abrir la puerta de la confianza. Mirarse a los ojos y conocerse a través de la magia es lo más interesante como artista, porque estas realizando el arte en el instante. Hacer magia es algo único e irrepetible. Es mezclar lenguajes y técnicas. Es lo que llamo el mágico teatral. Soy actor y mago. Entretengo a la gente. Quizás con cartas, relojes que desaparecen, monedas que se quiebran, pelotitas esponjosas que se multiplican…todo me sirve cuando de magia se trata. Finalmente dice; “LA MAGIA VA POR DENTRO”
Autora: Jeannete Romo
Editora: María José Henríquez Donoso.

Un frío y desolador viento recorre mis pasillos luego de que la angustia penetre por cada grieta de mi madera. Y es que eran tiempos buenos aquellos. Yo diría muy buenos.


El gran hermoso sueño partió cuando un tal ejecutivo de una empresa internacional ocupaba su tiempo libre en estudiar y recopilar historias de culturas que fueron parte de América. Poco a poco este individuo me armaba y me iba complementando mediante objetos que él podía comprar con su dinero. Realmente me aqueja una duda tremenda ¿Es acaso que soy lo que pienso o simplemente soy un experimento para ganar dinero? No me gustaría saber la respuesta.

Mi creador supo escoger bien los elementos que formarían parte de una nueva historia dentro de mi estructura, aparte de la que ya han contado hace muchos años, decenios y hasta siglos, como lo son algunas colecciones de textiles, cerámicas, metales, entre otras, que hoy carecen de importancia, pero no de polvillo.

Que alegría fue descubrir mi objetivo en la vida, pensé la noche antes de la inauguración. Que lástima vivir en la rutina y no ser elogiado por nadie, pienso ahora.
Creo que ya a muy pocos le interesa saber acerca de sus orígenes, ya que pasan por mí simplemente como una obligación y no como una mera actitud de aprender acerca de la misión que me fue encomendada.
Siempre mi idea ha sido deslumbrar a ilusos e ignorantes no con el afán de la humillación sino que el de la educación, algo que actualmente sólo unos pocos consideran y de eso siempre me doy cuenta.
Ahora que lo pienso bien me inclino por la segunda opción.

Debo confesar que siempre después de un estado de fascinación viene la angustia de no poder conseguir lo deseado o de que las cosas que esperé hayan tergiversado su significado volviéndose todo burdo y absurdo.
No niego que me encantaba ser el reconocimiento máximo de la ciudad de Colchagua y que grandes personajes como ministros o presidentes me hayan visitado a pesar de estar a 200 kilómetros de la ciudad capital, pero de qué sirve si la calidad de casa colonial la vivo en todo aspecto. En primer lugar la representante de apelar a sus conocimientos con respecto a mis componentes y mi historia es una longeva señora, quién es contratada no por amor a la cultura ni al arte, sino como un medio forzoso para subsistir y ganarse algún dinero de forma sencilla. En segundo lugar creo tener un poco, aunque sea mínimo, de importancia como para que descuiden las labores de higiene y aseo dentro de mis rincones.

No basta mencionar el polvo encontrado en ciertas vitrinas, las telarañas presentes en mis cantos (aunque no sean percibidos igual es un signo de descuido), el chillido que se produce en las bisagras al abrir o cerrar las puertas de ingreso, que se evitaría con un poco de grasa e incluso –y enfatizo este punto- considero una gran falta de respeto hacia mi, que en caso de un incendio que me puede destruir por completo (ya que estoy compuesto principalmente por madera) estén vencidos por un poco más de un mes los extintores, haciendo del polvo químico seco algo ineficiente e inoperante a la hora de tal emergencia.

Pero que más da. Las personas solo dejan sus huellas en el piso flotante de madera, hacen rápido el trámite de ver o mejor dicho curiosear, pensando obviamente en el posterior almuerzo que vendrá, diciendo que todo es muy bonito y que podría venir otro día.

¿De qué sirven estas reflexiones ahora? En realidad no sé. Pero sinceramente hoy prefiero hablar con mí mismo que deslumbrar a entes desinteresados en el arte. En mi arte, que sólo sirve para generar dinero.
Por: Roberto Martinez.
Editora: María José Henríquez Donoso.

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